viernes, 3 de febrero de 2012

Al blanco cisne (que no canta descalzo)

Que nieguen que no dejo de buscarte
entre el resto de la gente,
que afirmen que miento si yo digo
que una palabra tuya basta
para sembrar todas mis ilusiones,
y al sol hacerlas crecer.
Tu sencillez ilumina mi mundo,
lo ha reconstruido,
ojalá pudiera confesártelo,
a ti, que tanto lo ignoras.
Te escribo siempre esta poesía,
a esa que no conozco.
La compongo, la vuelvo a borrar
y tú pasas, mientras tanto,
coloreando versos cada paso que das,
dándome razones para hacerme despertar.

Que prueben que mis palabras no huyen
cada vez que te observo,
pues mi pecho, cosido malamente
pregunta siempre por ti.
Yo te busco, te veo, te persigo
con la mirada de un niño,
pero es otro hombre al que siempre
tú buscas, ves y persigues
con la mirada de aquellos que aman.
Sólo queda resignarme
y tener que agachar la mirada
por culpa de un simple “Hola”.
Tu voz es difícil de aprender
pero fácil recordar.
A esa que deseo conocer
le escribo este poema

con la boca y la voz silenciadas,
con los ojos bien abiertos.
Que digan que no sigo siendo yo,
emocionado con poco
y enamorándome de lo imposible.
Que miren
cómo te miro
y que sigan insistiendo
diciendo que ya he dejado
de seguir siendo el mismo.

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